Semiótica de los textiles andinos

La textilería andina, desde un punto de vista semiótico, constituye un código comunicativo. Los textiles han sido y son textos portadores de mensajes que se transmiten mediante sus múltiples desplazamientos, tanto geográficos como temporales.

En el nivel de expresión, los significantes utilizados incluyen los materiales y técnicas de realización, el diseño y el uso del color.

La textilería se configura como un sistema icónico-simbólico que traduce, en el nivel sensible, una conceptualización del mundo.
La objetivación de la palabra sobre un soporte físico favoreció en los Andes el desarrollo de un pensamiento más abstracto capaz de conceptualizar el yo y el mundo que lo rodea.
En la textilería andina, la percepción visual estuvo reforzada por los restantes sentidos: con frecuencia, mientras se tejía se rezaba o cantaba, por lo cual existió un sonido específico. Al elegir la materia prima adecuada, ésta se potenció a su vez con la selección de los ligamentos textiles a emplear, por lo cual hubo una textura que encauzó lo táctil. Debió haber un olor particular debido a la materia escogida y los tintes y aditamentos. El ritmo estuvo dado por la propia cadencia del huso y del telar.
De este modo, y en el nivel del conocimiento sensible, el sistema textil se entrama con otros, la percepción de cuyos significantes se realiza por sentidos diferentes al de la vista.
En el nivel del conocimiento conceptual, sucede algo semejante: la textilería refleja un modo de ser y de hacer en el mundo, desde una construcción propia de la realidad: el pensamiento andino –especialmente el incaico- parece haberse movido dentro de un universo hermético, donde todo habría sido creado de modo que lo que está abajo es reflejo o proyección de lo que está arriba y donde habría una especie de jerarquía universal de los géneros y las especies.

El pensamiento andino puede definirse como un movimiento activo, vital, basado en dos principios básicos: el de la dualidad y el de la complementariedad. Éstos no ponen énfasis en la disociación, sino más bien ejemplifican dos caras de una misma moneda: Bien-Mal; Oscuro-Claro; Arriba-Abajo; Cielo-Tierra; Femenino-Masculino; Vacío-Lleno. Todo ello se relaciona también con el dualismo de la persona dentro de las culturas andinas.
En quechua existe un término que implica el equilibrio o armonía en que conviven estas ideas duales: missa. En él confluyen las dos dimensiones de la cruz o versión dinámica del espacio.
Las culturas andinas tienden a yuxtaponer las ideas en paralelo, como las urdimbres y las tramas en el telar. Esta yuxtaposición es la base del pensamiento analógico andino, por el cual las cosas están relacionadas por sus semejanzas.

Así, los textiles y otras manifestaciones de similar magnitud trabajaron a modo de metáforas, conformando un cósmico entramado de senderos que unen y relacionan los sujetos y las cosas.

Estructura del Diseño

En la cosmología andina, el concepto de unidad se denomina “Pacha”, que se traduce del quechua como “espacio-tiempo”. Dicho concepto se expresa iconológicamente en el cuadrado. La estructura cuadriculada es la base de la unidad estructural de la forma en el textil andino.
La dualidad, como principio lógico, se ordena en pares de opuestos y de complementarios, generados a partir de una estructura inicial o principal, análogamente como el cuadrado se ordena en pares de planos perpendiculares o en pares de planos diagonales.
La cuatripartición del plano mediante perpendiculares o diagonales refleja –entre otras cosas- la organización del Tawantinsuyo y suele tener un centro que opera como eje de distribución compositiva.
La diagonal es de gran importancia en el diseño andino, ya que expresa, por una parte, la fuerza del movimiento, pero también el concepto de “tinkuy” o encuentro de los extremos en el centro.
La espiral expresa el concepto de ciclo o “pachacuti”, que es retorno al mismo principio y crecimiento por unidades o etapas de desarrollo.
Entre las estructuras complejas, el signo compuesto por el par escalera+espiral es quizás el de mayor trascendencia, al expresar el concepto de la unidad de la dualidad, manifestado en los principios del cuadrado y el círculo en movimiento, generando la ascensión y el crecimiento.

Conclusión

Existe una comunión profunda entre la significación de ancestro-hogar-pueblo-sitio y textil. Ambos ocupan un espacio y poseen una modalidad propia que incluye conceptos estéticos.
En los textiles andinos se pueden hallar recurrencias conceptuales, como el contraste sombra/luz que, en el pensamiento de algunos pueblos andinos, simbolizaba la sabiduría y la experiencia.
Juntamente con una memoria oral que puede relatar hechos maravillosos, en forma paralela a estas grandes imágenes mentales existió una memoria visual que fijó las relaciones entre formas, colores, espacios, contornos.
La historia cultural de los Andes ha quedado plasmada en los textiles. Estas imágenes plásticas son documentos gráficos de una ideología o de un sistema de valores.
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Pawkay Mit’a

El 21 de Marzo comienza el equinoccio, momento en que el Sol alcanza su punto cenit en el Ecuador, haciendo que la noche y el día tengan la misma duración desde cualquier lugar de la Tierra. En el hemisferio sur, los días comienzan a partir de ahora a acortarse y las noches se hacen más largas.

En el calendario andino, estamos en el mes del Jatun Poqoy (desde el 04/03 hasta el 31/03), mes de la gran cosecha.  Es la época, de almacenar granos y guardar los que ya venían disecándose al Sol.

En esta época la naturaleza nos muestra que los vientos comienzan a soplar con fuerza, para limpiar la superficie de la Madre Tierra y los árboles se desnudan para alimentarla. Hallpamama está receptiva de la energía del Universo. Es el momento de su descanso, para prepararse más adelante, para una nueva siembra.

Es el final dentro del ciclo luni-solar del tiempo femenino para darle paso al tiempo masculino, y es por eso que dentro de este mes se celebra el Parway, ceremonia de energía femenina en donde se le otorga el nombre a las mujeres.

La palabra “parway” denomina a la inflorescencia de la parte superior del tallo de maíz, lo que marca la madurez de la planta. Es entonces, la  madurez de la mujer  la que se celebra en el Parway. Generalmente coincide con los 21 años de edad, en donde está preparada para sumarse al rol que la comunidad le otorga, para pasar de ser protegida a protectora.

Es la gran cosecha para cada mujer, de todo lo que ha sido sembrado en ella, de todo el legado en sabiduría que le ha sido entregado de las mujeres mayores. Así como el maíz se junta en trojas, así las mujeres se juntan para compartir y poner en práctica sus saberes ancestrales, de alimentación, de medicina, de crianza, de música, etc.

En esta época de cosecha, nosotros somos los más grandes agricultores de nuestra propia vida, y en consecuencia, de los hermanos que nos rodean, si nos reconocemos como unidades complementarias.

En consonancia con la naturaleza, es tiempo de introspección, de reflexión, es tiempo de mirar el cielo y dejar descansar la tierra, es tiempo de mirar las estrellas. Es  tiempo de celebrar, para que a través de las ceremonias recuperemos el tiempo circular, cualitativo y espiritual, no lineal, en resonancia con la  Pachamama.

Gracias, Ch´uwa Yaku

Unancha: símbolo sagrado

 

 

 

 

 

 

 

En el Tawantinsuyö han existido varios símbolos sagrados que sirvieron de guía y orientación para la evolución ontológica de todos los habitantes; estos símbolos expresan un ideal, advierten una prueba, señalan un logro, pero cada quien según su nivel de evolución recibe o descifra el mensaje; sus significados son abstractos, pero se relacionan con la vida real. Para un andino la vida está llena de símbolos, que reflejan el cosmos, la naturaleza y  los seres humanos; sin ellos no tendría sentido la vida.Estos símbolos representan desde lo más objetivo hasta lo subjetivo y tienen bases inmutables, es decir relativamente eternas.

El significado de los símbolos sagrados a través de los siglos fue conservado celosamente por sus custodios como secreto de estado, de ahí que no se han revelado ni a los invasores ni a los extranjeros de manera completa, aunque las representaciones estuvieron a la vista de todos, especialmente los arqueológicos como el INTIWATANA (reloj solar), INKAPUNKÖ (portada inka), QORI INTI (sol de oro), CHAKANA (cruz cuadrada) y el UNANCHA (bandera de siete colores lineales) que está en la piedra de los doce ángulos.

El término Unancha tiene varios significados: símbolo, guía, señal, bandera, conducción y orientación hacia una meta, un objetivo, o un fin adonde se desea llegar evolutivamente.

La Unancha o bandera de la Conferderación inka guiaba la conducta y la moral del pueblo andino. Sus siete colores representan el warkayak’uychi o arco iris, y simbolizan la evolución o Wiñay para los seres humanos. Evolucinar significa haber desarrollado las facultades innatas, haber alcanzado la sabiduría, haber dominado sus pasiones, taras, alteraciones, deficiencias físicas, psíquicas, etc. Por eso inicialmente identificaba al INKA, quien había tenido que gobernar su cuerpo y alma antes de gobernar a las personas y a la naturaleza o kaypacha, lo cual requiere armonía, pureza, verdad y sobre todo la comprensión de la unidad.

Esta bandera de siete colores lineales debe comprenderse, entonces, como símbolo de la EVOLUCION o WIÑAY para los seres humanos, ya que es inherente a una moral y a una conducta superior.

Fuente: Centro Cultural Tupaq Amarö (CCATA)

La semilla del Inca

JUAN NÚÑEZ DEL PRADO es antropólogo y Maestro de la Tradición Andina. Siguiendo los pasos de su padre, Oscar Núñez del prado, se especializó en el estudio de la cultura religiosa de los pueblos indígenas de los Andes, en particular de los Queros.
Fue aprendiz del carismático Sacerdote Andino Don Benito Qoriwamana, quien le inició en el Camino del Inca por medio del Hatun Karpay (Gran Iniciación) en 1988.
Según la Ley de Ayni, que obliga a quien adquiere experiencia y saber espiritual a compartirlo y transmitirlo, Juan Nuñez del Prado sigue estos pasos, transmitiendo la iniciación en la Tradición Andina.

Concepción del tiempo

Para saber quiénes somos, debemos saber, antes, de dónde venimos. Cuál es nuestro origen y cómo hemos llegado hasta aquí.

En Occidente nos han enseñado que el pasado está detrás, y el futuro adelante, y que el tiempo es lineal. En la tradición andina, en cambio, la concepción del tiempo no es lineal, sino circular. Y no se piensa que el pasado está detrás, sino delante nuestro. Por eso es posible mirarlo, observarlo y así saber de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos.

Como dice DELFOR WANK’AYMURA LAYMË: “Caminando hacia adelante seguimos los pasos de nuestros ancestros. Ellos supieron observar, comprender, aceptar y respetar las realidades del orden natural del PACHA (Espacio-Tiempo). Así nos legaron los Pachakuti Unanchana o formas de comprender los ciclos espaciotemporales y armonizarnos con ellos.”

Rafael Núñez, un experto en cognición de la Universidad de California en San Diego interesado en averiguar de qué manera formamos ideas abstractas como el tiempo estudió la cultura aymará y analizó su lenguaje (no sólo verbal, sino también corporal) para respaldar esta teoría. La palabra aymara que indica el pasado es nayra, que literalmente significa ojo, a la vista o al frente. La palabra que traduce futuro es qhipa, que quiere decir detrás o a la espalda. Y la palabra aymara que se traduce como mañana (qhipüru), combina qhipa (: atrás) y uru (: día), siendo literalmente “día que está a la espalda”.*

Por otro lado, Delfor afirma; “quienes han perdido el Qhaway, suelen desperdiciar el presente, es decir, no están en la percepción plena del aquí y ahora o Kay Pacha (este Espacio-Tiempo,, el Mundo de Aquí y Ahora), El mañana no existe. El mañana nunca llega. ¿Quién estuvo en el mañana? Cuando la gente se despide suele decir: “hasta mañana”. Luego, cuando se encuentran, no es mañana: es hoy. Siempre estamos en hoy, siempre estamos aquí (Espacio) y ahora (Tiempo), en un eterno presente vivo. Mañana no existe. Siempre es hoy.” (ihttp://www.chaskikuna.com.ar/chaski.htm)

* Para leer el artículo completo sigue este link: los-aymaras-y-su-sorprendente-visin.html

Ayni

Ayni significa “reciprocidad” y es la base fundacional de la relación entre los seres humanos y la Naturaleza en los Andes.

La cosmovisión andina plantea que todo lo que existe está vivo y tiene conciencia. Por ello los hombres deben tener una actitud reverencial, de respeto por todo y por todos. Esta forma de concebir la vida y el Universo adquiere múltiples manifestaciones: por ejemplo, no se cruza un río, o se entra a un bosque, o se escala una montaña sin pedir permiso a los espíritus tutelares del lugar y dejar una ofrenda.

Ayni no significa “intercambio”, sino dar para poder recibir. Cuanto más damos, más energía sutil (sami) generamos. Si sólo recibimos y acumulamos, nos cargamos de energía densa (hucha) y este desequilibrio trae consecuencias negativas para nuestra salud y nuestra vida.

Y como somos uno con la naturaleza y el kawsay es uno solo para todos los seres de la Tierra, las consecuencias de ese desequilibrio las sufrimos todos.

Los 4 elementos

La Sagrada Tradición Andina se basa en 3 conceptos fundamentales:

1) Todo está vivo y tiene conciencia (montañas, ríos, minerales, animales, vegetales, etc.). Los hombres podemos conectarnos con todo y con todos, y aprender de esas experiencias.

2) Somos parte de una gran masa de energía viva que nos conecta con todo lo creado (Kausay). El Kausay es como un océano de energía. Cualquier movimiento que se produzca en él tiene consecuencias. Eso significa que no sólo es posible comunicarnos a través de esa energía, sino también moverla y transformar la realidad.

3) En el Universo todo es dual. Esta concepción se diferencia de la occidental por considerar que la dualidad es complementariedad y no polaridad. Esto significa que no se puede destruir una cosa sin destruir la unidad completa.

Agua, Aire, Tierra, Fuego

A este Mundo, a este Todo, le llamamos PACHAMAMA = Espacio-Tiempo Madre, Mundo Madre, Madre Naturaleza. La palabra PACHA significa “Espacio-Tiempo”, el cual es toda la “realidad” perceptible: aire, humedad, calor, sonido, luz, animales, vegetales, minerales, humanos, etc.

Es decir que somos parte de un Todo o Mundo que nos nutre y alimenta con agua, aire, fuego y tierra (Naturaleza), cumpliendo así, la función materna que es la de alimentar, criar, sustentar.

Los 4 elementos también tienen conciencia y podemos conectarnos con ellos para recibir sus enseñanzas y armonizarnos. Cada elemento está relacionado con una dirección (norte, sur, este, oeste) y tiene determinadas funciones y capacidades especiales.

– Unumama (Agua) – Sur: El agua simboliza el origen (tanto del Universo como de la vida humana, en el vientre materno). El agua es primordial para nosotros, ya que nuestro cuerpo está formado en un 80% por líquidos. Nos conecta con nuestro cuerpo emocional. Hace surgir la vida (germina). Además cumple la función de ayudarnos a lavar jucha (emociones débiles como la pena, la tristeza, la nostalgia, la sensación de pérdida) y a sanarnos. El agua nos enseña a fluir, a ser blandos, a soltar lo que nos pesa y nos hace daño.

– Jallpa mama (Tierra) – Oeste: Es el soporte del cuerpo físico. Nos conecta con la materia, con lo más denso y pesado. Está asociada a la voluntad, al apego, a la prosperidad. Nuestro chakra base nos permite establecer conexión con la tierra y con su energía femenina. La tierra limpia nuestras energías densas (jucha) porque le sirven como nutrientes. Como hijos de la tierra le debemos agradecimiento, cuidado y protección.

– Wayra (Aire) – Norte: El aire nos conecta con nuestro cuerpo mental. Es un ser vivo y conciente. Es uno de los elementos fundamentales para la vida; marca el comienzo y el fin de la existencia, y también su ritmo. La respiración es sanadora (equilibra, armoniza); nos ayuda a liberar tensiones. Además de sanar, el aire purifica. Los perfumes, por ejemplo, sirven para purificar las energías densas; nos conectan con el pasado y con los ancestros (que en la chakana también se ubican en la dirección norte). Por último, el aire comunica: el sonido es vibración. Despierta nuestros centros energéticos (los sonidos agudos vibran en los chakras superiores; los graves, en los inferiores). El aire nos conecta instantáneamente con todo las cosas al mismo tiempo, y nos permite comunicarnos a través del tiempo y la distancia con quien querramos, utilizando nuestro pensamiento.

– Nina (Fuego) – Este: En el Universo está representado por el Sol (Inti), dador básico de energía en forma de luz y calor y por el Rayo (Illapa). La humanidad pudo dar un gran salto en su evolución cuando fue capaz de generar y controlar su propio fuego (alimentación, metalurgia, calor, etc). El fuego ilumina, purifica, fecunda y transmuta (destruye algo y utiliza su energía para generar otra cosa). Esto aplica no sólo a la materia, sino también a las emociones más densas (ira, miedo extremo, odio, rencor, envidia, celos, violencia). Si trabajamos con una intención produnda, desde el alma, Nina puede ayudarnos a transmutar esos sentimientos negativos en amor, sea cual sea su forma, porque está estrechamente vinculada al fuego sagrado que brilla en nuestro corazón. Nina puede también ayudarnos a alcanzar la visión, el propósito de nuestra vida.

Apuntes Seminario Nivel I Proyecto Ayni