Anatomía de los chakras

Creo que el miedo es la compasión en su forma de semilla. Sana el miedo y brotará la compasión. El yo institintivo no debe ser un enemigo. La ira, la codicia y la lujuria son recursos escondidos que se pueden transformar en amor, claridad, sabiduría y coraje. Todo en la naturaleza es sagrado, y cada chakra alberga las semillas de nuestra iluminación y de aquello en lo que nos vamos a convertir”. (Alberto Villoldo, “Chamán, sanador y sabio”)
Los chakras son una especie de discos de energía (chakra en sánscrito significa “rueda”) que giran a unos 10 cm del cuerpo físico, en el sentido de las agujas del reloj. Están conectados con la espina dorsal y el sistema nervioso central.
Las tradiciones orientales reconocen 7 chakras. Cada uno se identifica con un color diferente porque vibra en una frecuencia particular, al igual que los colores del arcoiris.
 
Los chamanes americanos hablan de 9 chakras. Siete de ellos se encuentran dentro del cuerpo físico, y otros dos fuera del mismo. Al octavo chakra lo llaman “Wiracocha”. Este chakra está dentro del campo de energía luminosa y es como un sol girando sobre nuestra cabeza. Este chakra nos conecta con el Gran Espíritu, es el lugar donde la divinidad reside en nosotros. Cuando estamos desconectados espiritualmente, el octavo chakra se vuelve opaco, es como si se apagara. 
El noveno chakra se encuentra fuera del campo de energía luminoso y se extiende por todo el Cosmos. Es el Espíritu, nuestra parte impersonal, infinita y eterna. El Espíritu es uno con todo lo creado y no está atado al tiempo. Es inmanente y trascendente.

Cómo funcionan los chakras

Los chakras metabolizan las energías vitales de la naturaleza, que proceden de 5 fuentes: a) plantas y animales; b) agua; c) aire; d) luz solar; e) energía biomagnética (kausay). Las energías luminosas circulan a través de los chakras del mismo modo que el agua y los alimentos lo hacen por nuestro cuerpo físico.  

Los chakras extienden filamentos luminosos que van ir más allá del cuerpo, conectándonos con todo lo que existe: aire, agua, tierra, fuego, árboles, ríos, bosques, montañas, animales y demás seres humanos.

Los cinco chakras inferiores (desde la base de la columna hasta la garganta)  se alimentan principalmente de la energía de la Tierra, mientras que los 4 superiores lo hacen de la energía del Sol.

Cada uno tiene una función particular y un color que lo identifica. Cada chakra está relacionado con determinados aspectos corporales y psicológicos y tiene una forma de expresión negativa cuando no funciona correctamente.

Los residuos energéticos que se van adhiriendo a los chakras les impiden vibrar en su frecuencia más pura. Los bloquean y aceleran el envejecimiento físico, por eso es tan importante trabajar en su armonización.

De “Chamán, Sanador y Sabio”, Alberto Villoldo
 
 
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