El espacio sagrado

Cuando creamos un Espacio Sagrado, dejamos atrás los asuntos cotidianos de la vida, el mundo bullicioso de las reuniones y los horarios y, nos preparamos a encontrarnos con la Divinidad. El Espacio Sagrado nos permite entrar a nuestro mundo interior silencioso en donde la sanación tiene lugar. Allí nuestras cargas se hacen más ligeras y podemos entrar en contacto con el Espíritu y con los hombres y mujeres medicina que nos ayudan desde el mundo espiritual. Este es el espacio más propicio para meditar y para sanarnos a nosotros mismos o ayudar a otras personas en su proceso de sanación.

Hay dos maneras de abrir el sagrado: invocando a las 7 direcciones o expandiendo nuestro octavo chakra. La primera, crea el Espacio Sagrado de la ecosfera; la segunda, crea el ambiente sagrado de la noosfera. Ambos espacios comparten los conceptos básicos de que toda la vida está interrelacionada y es interdependiente. Relacionándonos con otros de impecable intención y en asociación con el Espíritu, estamos en condiciones a visualizar y manifestar un mundo dinámico y evolutivo.

El Espacio Sagrado – La Ecosfera

En este ámbito, el conocimiento sobrepasa la consciencia individual. Abrimos el espacio sagrado con una invocación, llamando a los espíritus de los cuatro puntos cardinales (Sur, Oeste, Norte y Este), a nuestra Madre Tierra y a nuestro Padre Cielo.

Cada dirección está asociada a un elemento y a un animal de poder o arquetipo. Los arquetipos no son sólo símbolos: son energías o espíritus primordiales con sus propias cualidades y poderes.

El Sur es la dirección del Agua (Unumama) y de la Serpiente (Sachamama). El Oeste es la dirección de la Tierra (Jallpamama) y del Jaguar (Otorongo). En el Norte encontramos al Aire (Wayra), al Colibrí (Sewar Qenti) y también a los ancestros. En el Este se encuentra el Fuego (Nina) y el Cóndor (Kuntur) o Águila.

Nuestra Madre Tierra es la Pachamama, la madre Naturaleza, todo lo manifestado en forma de materia. Representa la energía femenina. Es nuestro sostén y a ella le debemos agradecimiento por estar vivos en este plano. En esta dirección invocamos también a los Apus, espíritus tutelares de las montañas sagradas, transmisores del linaje.

Luego llamamos al Padre Cielo, que representa la energía masculina. En él estamos invocando al Gran Espíritu, a Dios en cualquiera de sus nombres, a las estrellas y constelaciones del universo. A esa fuerza poderosa que nos convierte en seres de luz encarnados en un cuerpo físico.

Finalmente, abrimos la séptima dirección, nuestro propio centro de luz que brilla en el corazón.

Una vez terminado nuestro trabajo (meditación o sanación), cerramos el Espacio Sagrado siguiendo el camino inverso que hemos recorrido al abrirlo por las 7 direcciones. Es el momento de agradecer y de liberar las energías que nos han acompañado.

El Espacio Sagrado – La Noosfera 

En la noosfera compartimos la conciencia planetaria para concebir el cumplimiento del más alto potencial de la humanidad. Para crear el Espacio Sagrado, utilizamos la luz de nuestro chakra octavo, el Wiracocha, que reside fuera de nuestro cuerpo físico, pero dentro del Campo Energético Luminoso. El poder del Espacio Sagrado, se multiplica cuando ampliamos este orbe radiante y descansamos dentro de él. Es esta la parte de nosotros que siempre esta unida al Creador.

Para abrir el Espacio Sagrado de la noosfera, imaginamos nuestro octavo chakra como un pequeño sol radiante que se encuentra sobre la cabeza. Ponemos las palmas sobre el pecho, en posición de oración y luego, lentamente, las elevamos hasta que estén por encima de nuestra cabeza. Nos conectamos con el octavo chakra, intentando sentir su energía en nuestros dedos. Muy lentamente, girando las palmas hacia afuera como un pavo real que abre su abanico, ampliamos la circunferencia de este brillante orbe hasta que, extendiendo los brazos y bajándolos a los lados, quedemos rodeados por la luz de nuestro chakra octavo.

Este orbe también puede ser extendido para rodear a su ser querido, como si lo estuviera abrazando con una manta de luz.

Para cerrar este Espacio Sagrado después de haber terminado el trabajo de sanación o la meditación, llevamos los brazos hacia arriba (como cerrando un abanico) y así devolvemos la luz hacia el orbe del octavo chakra, para finalmente regresar las manos a la posición de oración inicial.

Nota: Otra enseñanza dice que lo que aquí se llama Wiracocha u octavo Chakra es la Energía Sagrada del Chakra Corazón unificado y llevado por encima del séptimo Chakra para ser expandido. Luego se concentra y se devuelve al corazón ya concentrado una vez que se termina la ceremonia. En este punto se reza: “Que mi corazón guíe mi mente”, llevando las manos unidas al sexto Chakra o Tercer Ojo.

Fuente: “Chamán, sanador y sabio”, Alberto Villoldo.

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Masaje Andino

Qhaqoy es un sistema de masaje holístico basado en la experiencia. Cuando se habla de experiencia se está haciendo referencia a vivir el aquí y el ahora, con lo cual la experiencia Qhaqoy representa una metodología íntegramente vivencial, en donde se trata de sentir, vivir y experimentar todas los horizontes dimensionales que propone esta técnica milenaria.

 

 

Para Qhaqoy el cuerpo es un instrumento de desarrollo personal, una vía o circuito necesario por donde pasan todas las energías e intenciones, razón por la cual se presta una inconmensurable atención al tacto como herramienta clave en el desarrollo del masaje. La experiencia táctil en Qhaqoy se ha perfeccionado a través de la transmisión de conocimiento medicinal por la via ancestral. El tacto es el órgano sensorial más complejo y distribuido del cuerpo por medio de la piel. La piel es una capa física visible que sirve de medio de contacto con el mundo exterior e interior.

El masaje Qhaqoy es una terapéutica holística y energética que presta una elevada atención al contacto humano. Este permite que la energía humana fluya en conexión con la energía del entorno. Motivo por el cual Qhaqoy se vale de uno de los principios fundamentales de la cosmovisión andina: el ayni. Mediante el ayni las energías que fluyen activamente en el cuerpo humano se distribuyen creando armonía y equilibrio. La energía tiene inteligencia propia y generalmente fluye cuando la estimulamos o distribuimos convenientemente con técnicas simples del masaje Qhaqoy.

En las tradición andina el Kawsay es la energía viviente que fluye en todos los planos dimensionales, representa la suma de todas las energías circundantes, en donde sami es la energía pura o refinada y jucha la energía pesante o densa. Cuando tenemos un exceso de energía pesante o jucha tenemos que aligerar la carga mediante el ayni con la madre tierra. El ayni con la madre tierra (pachamama) es una de las técnicas de la tradición andina, que -por excelencia- permite el intercambio de energía pesante por energía refinada. Para ello, el terapeuta Qhaqoy se vale de simples técnicas rituales para lograr este propósito de reciclaje de energía con la pachamama.

La energías no son positivas o negativas dentro del contexto de cosmovisión andina, aún por tratarse de energía pesante en exceso, ésta no adquiere el carácter relativo de negativo, pues los excesos de este tipo tienen un rol que cumplir, una finalidad que permite aún lograr aprendizajes significativos en el camino de evolución personal. Las energías son sagradas y estas no se crean o se destruyen, las energías se transforman, tal como lo afirmaba Albert Einstein. Este proceso de alquimia puede lograrse con la sabiduría de la naturaleza en acción. En suma, un arte ancestral que los chamanes andinos conocen desde tiempos inmemoriales.

Los maestros curanderos de los Andes han perfeccionado la experiencia sensorial del tacto y a partir de allí, Qhaqoy viene aplicándose con enorme beneficio en diversos aspectos de la vida cotidiana:

  • Como método de autocrecimiento personal
  • Como vía de autocuración desde la inteligencia energética celular
  • Como via de contacto interpersonal trascendente
  • Como via de conocimiento en la sexualidad humana
  • Como potente recurso que equilibra los estados de estrés
  • Como herramienta coadyuvante de otras terapéuticas holísticas

A partir de la experiencia sensorial Qhaqoy, muchas personas encuentran el origen y significado de sus dolencias, descubren e integran el núcleo de sus propios bloqueos. Qhaqoy ayuda a hacer fluir esas energías pesantes-densas que conviven con las personas por muchos años. Cuando las personas encuentran respuestas y un sendero razonable de alivio interior comprenden que hay una inteligencia sagrada superior en métodos ancestrales de curación como Qhaqoy. La experiencia del tacto ayuda a descubrir, despertar, conocer y curar cada tipo de bloqueo dependiendo del plano o aspecto dimensional en donde se concentre. Por ello, el arte Qhaqoy sirve de puerta de acceso hacia otros estados dimensionales de conciencia. Es en la conciencia universal e infinita en donde el mundo espiritual fluye con la energía del kawsay, y es allí donde Qhaqoy sirve de vía de acceso al permitir elevar el estado de conciencia individual.

Autor: Arnaldo Quispe.

Anatomía de los chakras

Creo que el miedo es la compasión en su forma de semilla. Sana el miedo y brotará la compasión. El yo institintivo no debe ser un enemigo. La ira, la codicia y la lujuria son recursos escondidos que se pueden transformar en amor, claridad, sabiduría y coraje. Todo en la naturaleza es sagrado, y cada chakra alberga las semillas de nuestra iluminación y de aquello en lo que nos vamos a convertir”. (Alberto Villoldo, “Chamán, sanador y sabio”)
Los chakras son una especie de discos de energía (chakra en sánscrito significa “rueda”) que giran a unos 10 cm del cuerpo físico, en el sentido de las agujas del reloj. Están conectados con la espina dorsal y el sistema nervioso central.
Las tradiciones orientales reconocen 7 chakras. Cada uno se identifica con un color diferente porque vibra en una frecuencia particular, al igual que los colores del arcoiris.
 
Los chamanes americanos hablan de 9 chakras. Siete de ellos se encuentran dentro del cuerpo físico, y otros dos fuera del mismo. Al octavo chakra lo llaman “Wiracocha”. Este chakra está dentro del campo de energía luminosa y es como un sol girando sobre nuestra cabeza. Este chakra nos conecta con el Gran Espíritu, es el lugar donde la divinidad reside en nosotros. Cuando estamos desconectados espiritualmente, el octavo chakra se vuelve opaco, es como si se apagara. 
El noveno chakra se encuentra fuera del campo de energía luminoso y se extiende por todo el Cosmos. Es el Espíritu, nuestra parte impersonal, infinita y eterna. El Espíritu es uno con todo lo creado y no está atado al tiempo. Es inmanente y trascendente.

Cómo funcionan los chakras

Los chakras metabolizan las energías vitales de la naturaleza, que proceden de 5 fuentes: a) plantas y animales; b) agua; c) aire; d) luz solar; e) energía biomagnética (kausay). Las energías luminosas circulan a través de los chakras del mismo modo que el agua y los alimentos lo hacen por nuestro cuerpo físico.  

Los chakras extienden filamentos luminosos que van ir más allá del cuerpo, conectándonos con todo lo que existe: aire, agua, tierra, fuego, árboles, ríos, bosques, montañas, animales y demás seres humanos.

Los cinco chakras inferiores (desde la base de la columna hasta la garganta)  se alimentan principalmente de la energía de la Tierra, mientras que los 4 superiores lo hacen de la energía del Sol.

Cada uno tiene una función particular y un color que lo identifica. Cada chakra está relacionado con determinados aspectos corporales y psicológicos y tiene una forma de expresión negativa cuando no funciona correctamente.

Los residuos energéticos que se van adhiriendo a los chakras les impiden vibrar en su frecuencia más pura. Los bloquean y aceleran el envejecimiento físico, por eso es tan importante trabajar en su armonización.

De “Chamán, Sanador y Sabio”, Alberto Villoldo
 
 

La anatomía del alma

“Cuando comprendemos nuestra naturaleza luminosa, podemos eludir las trampas del mundo material y experimentar el infinito” (Alberto Villoldo, “Chamán, Sanador y Sabio”)

El campo de energía luminosa es una matriz invisible que da forma a la anatomía del cuerpo. Está compuesta por cuatro capas que almacenan distintos tipos de energía. Pegada a la piel se encuentra la energía más sutil de todas, la causal, que representa nuestra reserva de combustible espiritual. La capa que le sigue es la psíquica o etérica. Luego viene la capa de energía mental-emocional y finalmente la más externa de todas, la energía física que proporciona el combustible que necesita nuestro cuerpo físico.

Estas capas van guardando un registro de todos nuestras vivencias personales y ancestrales. Tienen marcadas las huellas de todas las heridas recibidas en esta vida y en las anteriores. Estos registros se constituyen en patrones que nos predisponen a seguir determinados caminos. Influyen sobre nuestros comportamientos, relaciones, enfermedades, etc.

Todas las huellas contienen una información que conforma los chakras y organiza nuestro mundo físico y emocional. dado que organiza el campo de energía luminosa y éste a su vez organiza la materia.

Hay diferentes prácticas chamánicas que se ocupan de limpiar el contenido negativo de estas huellas para poder sanar el campo de energía luminosa y así evitar que el patrón siga repitiéndose (por ej.: iluminación).

En la tradición andina a este campo de energía se lo llama “popqo” y se lo representa como una especie de burbuja que recubre el cuerpo humano, con un espesor equivalente al ancho de nuestros brazos extendidos. En el centro de esta burbuja, aproximadamente a la altura del obligo, se encuentra el “cosco”, una especie de orificio que permite el intercambio energético. El popqo es recorrido por ríos de luz que fluyen desde la parte superior de la cabeza, se derraman en torno al cuerpo luminoso, penetran la tierra alrededor de 30 cm y vuelven a entrar en el cuerpo a través de los pies. (De esta forma, somos alimentados por un lado, por la energía cósmica que tomamos a través de la coronilla, y también por la energía telúrica, que viene desde el centro magnético de la Tierra).

Esto significa que estamos conectados, también, con la matriz energética que como una rejilla recorre y abarca todo el planeta, conectándonos con todo lo que existe. En el momento en que nos hacemos conscientes de este hecho, entendemos que somos parte de un todo, sólo una célula en este enorme Ser vivo que es el Universo.

¿Sueño o pesadilla?

“Cuando no somos conscientes de que compartimos el poder de cocrear la realidad con el propio universo, ese poder se nos escapa y hace que nuestro sueño se convierta en una pesadilla”. (Alberto Villoldo, “Soñar con valentía”).

Los occidentales creemos que sólo podemos experimentar la realidad en el estado de vigilia, pero antiguas tradiciones de todo el mundo (americanas, chinas, tibetanas, hindúes) sostienen que hay estados de conciencia superiores a los que podemos acceder a través de la meditación, el yoga, el viaje místico chamánico, etc.

En verdad, lo que nosotros llamamos  “realidad” es un estado de conciencia dominado por nuestra mente conciente, y sujeto en consecuencia a sus condicionamientos y distorsiones. La mente genera una especie de “ilusión de realidad”, absolutamente subjetiva, y hace que creamos que eso es todo. Nos impide tener una visión completa, y muchas veces nos paraliza frente a situaciones problemáticas, angustiantes o de enfermedad por no poder ver más allá, por no poder tener una percepción total de lo que nos sucede, de lo que nos rodea, o de nosotros mismos.

Alberto Villoldo en su libro “Soñar con valentía” define este estado como “la pesadilla cultural en la que se nos educa a todos y que sólo reconocemos cuando empezamos a calmar la mente”.

Por eso cuando experimentamos otro estado de conciencia que nos hace ver nuestra vida y el mundo en general desde una perspectiva holística y espiritual, hablamos de “despertar” y sentimos que hemos vivido hasta ese momento como dormidos y ajenos a nuestras propias capacidades.

La meditación en cualquiera de sus formas es el entrenamiento ideal para alcanzar otros niveles de conciencia. Se ha podido comprobar científicamente, por ejemplo, que monjes budistas que pasan años meditando tienen cerebros que presentan diferencias en una tomografía por emisión de positrones y procesan la realidad de manera distinta a la de las personas que no meditan. Esto indica que, potencialmente, todos tenemos la capacidad  de ejercer influencia sobre nuestro cerebro y de sanar nuestro cuerpo físico y espiritual a través de la meditación.

Las tradiciones espirituales, a diferencia de la ciencia, sostienen que es el espíritu el que crea la materia y no al revés. Es decir, el gran espíritu (o Dios) creó una plantilla energética que luego se manifestó como realidad física. Nuestro Campo de Energía Luminoso  es nuestra “plantilla energética personal” y contiene, al igual que el ADN en el plano físico, todo el registro de nuestra historia. Habla de quiénes somos y de lo que nos ha sucedido. Los registros se dan en forma de luz y de vibración, así como en el plano físico se manifiestan en forma química.

Según Villoldo “el Campo de Energía Luminoso es el software o conjunto de instrucciones que informa a nuestro ADN, que es el hardware, para que fabrique proteínas que crean el cuerpo.” Es decir que cualquier desorden o desequilibrio que se produzca en el campo energético tarde o temprano se manifestará en el cuerpo físico como enfermedad. Y a la inversa, también significa que los síntomas corporales (dolores, molestias, contracturas, etc.) están hablando de algo que no está funcionando bien en el campo energético o emocional.

Existen distintas disciplinas que trabajan sobre el campo energético para armonizarlo y sanarlo. Sólo se trata de encontrar la mejor para cada uno y “tener coraje para probar el infinito”.

Física cuántica y chamanismo

“La verdadera sanación es nada menos que un despertar a una visión de nuestra naturaleza sanada y a la experiencia del infinito” (Alberto Villoldo, “Chamán, Sanador y Sabio”)

Somos energía. Esta es una verdad que los antiguos conocían y que la ciencia moderna ha empezado a reconocer desde el desarrollo de la física cuántica, que planteó un cambio en la concepción de lo que llamamos “realidad” al demostrar que la materia está compuesta por electrones en permanente movimiento. Los principios de indeterminación y salto cuántico reemplazaron a los antiguos principios de objetividad, determinismo, epifenomenalismo y localidad de la ciencia materialista.

La indeterminación (podemos decir cuáles son las opciones de que un electrón esté aquí o allá en un momento determinado, pero no cuál será su posición exacta) y el salto cuántico (los electrones que giran alrededor del núcleo del átomo cambian de una órbita a otra sin recorrer físicamente el espacio que las separa, simplemente desaparecen y aparecen) se explican por el principio de superposición. Esto significa que las partículas tienen la propiedad de estar en varios lugares y estados a un mismo tiempo. Sólo cuando se miden esas partículas, cuando se observan, se concretan en un punto determinado y desaparecen las otras opciones.

Esto implica que la construcción de la realidad es meramente subjetiva: el sujeto que observa influye sobre los objetos observados, pues su acción selecciona una de las múltiples posibilidades y la hace concreta. Esa será su realidad.

El doctor Armit Goswnani del Instituto de Física Teórica de la Universidad de Oregón, desarrolló una teoría a la que llama “idealismo monista”. De acuerdo a esta teoría, la visión cuántica de la materia como ondas de posibilidad se resuelve en la conciencia como elemento transformador. Es decir, la materia determina posibilidades y probabilidades. La conciencia elige.

El Dr. Alberto Villoldo en su libro “Chamán, Sanador y Sabio”, dice que hay una diferencia fundamental entre las antiguas culturas americanas y la cultura occidental actual. En Occidente somos personas de preceptos, estamos gobernados por normas. Cuando queremos cambiar el mundo cambiamos los preceptos (por ej., las leyes). Los antiguos griegos se regían por conceptos: creían que las ideas podían cambiar el mundo.

Los chamanes, en cambio, se basan en percepciones. Como dice Villoldo: “Cuando quieren cambiar el mundo se sumergen en cambios perceptivos que cambian su relación con la vida. Visualizan lo que es posible y el mundo exterior cambia”.

Este principio está estrechamente ligado a las prácticas de sanación. Si bien se pueden aprender una serie de técnicas, las prácticas de sanación energética no están relacionadas con reglas de ningún tipo. Más bien, tienen que ver con la visión y con el Espíritu.

En su libro “La Serpiente de Luz”, Drunvalo Melchizedek nos dice: “La ceremonia es el resultado del entendimiento antiguo y la sabiduría de que el mundo exterior de las estrellas, los planetas y todo lo que existe sobre ellos fue creado por el mundo humano interior de imágenes del corazón y la interacción con el Gran Espíritu. Casi todos los pueblos indígenas saben que eso es así en la vida. (…) Cuando nosotros, los seres humanos, comencemos a darnos cuenta de quiénes somos realmente, los verdaderos Hijos e Hijas de Dios, la consciencia que creó todo lo que existe, sólo entonces la humanidad y Dios serán uno solo en la mente, el corazón y el cuerpo, y se levantará el velo de sopor. Los habitantes originales de este planeta pueden ayudarnos enormemente, pues saben mucho y recuerdan su conexión eterna con la Madre Tierra y el Padre Cielo.”

Esta es la verdadera y profunda esencia de las ceremonias que todavía realizan distintas culturas originarias americanas, desde los hopis de América del Norte hasta los Q´eros de los Andes peruanos, y que los iniciados en la Sagrada Tradición Andina también celebramos.