Acerca de Karina Sanchez

Lic. en Publicidad y Comunicación Social (USAL) Consultora externa en comunicación. Fotógrafa.

21-12-2012 Un nuevo amanecer

La cultura andina no es ajena a las profecías, es más no son pocas. Existe una tradición mística que nos habla de una ueva era andina e importantes profecías para toda la humanidad en estos tiempos modernos. Los paqos y sacerdotes espirituales andinos refieren -desde hace mucho tiempo- tres importantes revelaciones:

  1. El ascenso de la mujer. Es una antigua profecía andina que nos habla de la evolución espiritual de la mujer con la llegada del nuevo milenio. Ella es imagen y semejanza de la pachamama y en sus manos se centrará la educación del amor y la paz para las futuras generaciones, con la finalidad de generar equilibrio entre el mundo energético masculino y femenino.
  2. El encuentro del águila y el cóndor. Algunos maestros místicos descendientes de las tribus indígenas norteamericanas y maestros paqos andinos, coinciden que en el nuevo milenio se llevará a cabo el reencuentro y unión de los pueblos indígenas representados en el Norte por el Aguila y en el Sur por el Cóndor, esta unión simbólica fortalecerá las tradiciones espirituales, y de la cultura originaria emergerá un mejor destino para la condición social de la humanidad.
  3. El retorno del Inca. Dentro del incosciente colectivo del poblador andino subsiste hasta la actualidad el paradigma del retorno del Inca, pues hubo una época, en que el horizonte andino gozaba de apogeo, esplendor y hegemonía gracias -entre otras cosas- a la calidad de sus gobernantes, que luego se interrumpió con la presencia hispánica, pero se espera que la situación cambie y el único Inca (Sapa Inca) asuma nuevamente el destino del Tawantinsuyo.

 

Esta última profecía se asocia en algunos contextos con el mito de “Inkariy”, pues por siglos se parte de la creencia de que el Inca (gobernante supremo), ha sido dividido, siendo sus partes separadas y llevadas hasta los confines del Tawantinsuyo. Se cree que la cabeza (representado por el creador: el Dios Wiracocha) aún vive y se encuentra llamando al resto de las partes, por lo mismo se espera que el cuerpo del Sapa Inca se complete y genere los cambios para el bien de la humanidad. Esta versión puede coincidir con el mutilamiento de Tupac Amaru II por parte de la colonia española, que a pesar que no era un Sapa Inca poseía sangre real propio de un linaje incaico directo (panaka).

Desde hace unas tres décadas –mucho antes que el mundo prestara inusitada atención a las profecías Mayas- los paqos andinos (maestros y curanderos espirituales) han precisado los alcances de esta profecía, detallando incluso algunos datos, que como es obvio deben ser tomados como referenciales, por tratarse e tradiciones transmitidas de generación en generación de forma oral. Como ya se sabe, el tiempo andino es circular y comprende períodos aproximados de quinientos años a los cuales se les llama “pachacuti”. Pachacutec o Pachacuti puede ser interpretado literalmente del quechua como “cambio radical del cósmos” o “regreso a la madre tierra”. La actual Pachacuti, la décima, ha comenzado en el año 1990. La fase de transición entre una y otra Pachacuti dura 22 años.DSC_0204

Dicho período de transición, comprende a su vez tres fases, la primera fase de tres años de 1990 al 1993, es conocida como el inicio de una serie de fenómenos que anuncian la mutación cósmica hacia la nueva Pachacuti. La segunda fase ha comprendido siete años, desde 1993 hasta el año 2000, y se ha caracterizado por cambios en relación al elevamiento del nivel de conciencia espiritual, conllevando a numerosos maestros a ingresar al IV nivel de conciencia del misticismo andino. En la tercera fase, del año 2000 al 2012, se espera que el nivel alcanzado en las fases anteriores -por muchos maestros andinos- impulsen que algunos de ellos alcancen a su vez, el V nivel de conciencia de la tradición. Se precisa que finalizado esta fase de transición 12 maestros (seis hombres y seis mujeres) emergerán eventualmente a lo largo y ancho del Tawantinsuyo, y gracias a estos se elegirá al Sapa Inca y la Qoya, en un ritual que se llevará a cabo en el templo de Wiracocha, en Cusco. Estos maestros poseerán la fuente energética del grupo y obstentarán el VI nivel de conciencia a fin de llevar a cabo las transformaciones necesarias en beneficio de la nueva era andina. La responsabilidad de estos maestros elevados según la profecía será la de reordenar la espiritualidad y educar a las nuevas generaciones en la ley del ayni andino (reciprocidad).Las profecías andinas no tienen el aspecto de ser fatalistas, es más los maestros andinos (paqos) afirman que estas revelaciones nos hablan principalmente de una nueva humanidad, una más positiva, caracterizada por una mejora en el nivel de conciencia espiritual, en la cual muchas personas adoptarán ideas, tradiciones y formas de pensamiento que contemplan el cuidado de la madre tierra e integración social. Las prácticas de mejora hacia la expansión de conciencia serán comunes, e inclusive la apertura hacia la espirtualidad de las culturas indígenas será de gran importancia.

Autor: Arnaldo Quispe

Fuente: www.takiruna.com

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El espacio sagrado

Cuando creamos un Espacio Sagrado, dejamos atrás los asuntos cotidianos de la vida, el mundo bullicioso de las reuniones y los horarios y, nos preparamos a encontrarnos con la Divinidad. El Espacio Sagrado nos permite entrar a nuestro mundo interior silencioso en donde la sanación tiene lugar. Allí nuestras cargas se hacen más ligeras y podemos entrar en contacto con el Espíritu y con los hombres y mujeres medicina que nos ayudan desde el mundo espiritual. Este es el espacio más propicio para meditar y para sanarnos a nosotros mismos o ayudar a otras personas en su proceso de sanación.

Hay dos maneras de abrir el sagrado: invocando a las 7 direcciones o expandiendo nuestro octavo chakra. La primera, crea el Espacio Sagrado de la ecosfera; la segunda, crea el ambiente sagrado de la noosfera. Ambos espacios comparten los conceptos básicos de que toda la vida está interrelacionada y es interdependiente. Relacionándonos con otros de impecable intención y en asociación con el Espíritu, estamos en condiciones a visualizar y manifestar un mundo dinámico y evolutivo.

El Espacio Sagrado – La Ecosfera

En este ámbito, el conocimiento sobrepasa la consciencia individual. Abrimos el espacio sagrado con una invocación, llamando a los espíritus de los cuatro puntos cardinales (Sur, Oeste, Norte y Este), a nuestra Madre Tierra y a nuestro Padre Cielo.

Cada dirección está asociada a un elemento y a un animal de poder o arquetipo. Los arquetipos no son sólo símbolos: son energías o espíritus primordiales con sus propias cualidades y poderes.

El Sur es la dirección del Agua (Unumama) y de la Serpiente (Sachamama). El Oeste es la dirección de la Tierra (Jallpamama) y del Jaguar (Otorongo). En el Norte encontramos al Aire (Wayra), al Colibrí (Sewar Qenti) y también a los ancestros. En el Este se encuentra el Fuego (Nina) y el Cóndor (Kuntur) o Águila.

Nuestra Madre Tierra es la Pachamama, la madre Naturaleza, todo lo manifestado en forma de materia. Representa la energía femenina. Es nuestro sostén y a ella le debemos agradecimiento por estar vivos en este plano. En esta dirección invocamos también a los Apus, espíritus tutelares de las montañas sagradas, transmisores del linaje.

Luego llamamos al Padre Cielo, que representa la energía masculina. En él estamos invocando al Gran Espíritu, a Dios en cualquiera de sus nombres, a las estrellas y constelaciones del universo. A esa fuerza poderosa que nos convierte en seres de luz encarnados en un cuerpo físico.

Finalmente, abrimos la séptima dirección, nuestro propio centro de luz que brilla en el corazón.

Una vez terminado nuestro trabajo (meditación o sanación), cerramos el Espacio Sagrado siguiendo el camino inverso que hemos recorrido al abrirlo por las 7 direcciones. Es el momento de agradecer y de liberar las energías que nos han acompañado.

El Espacio Sagrado – La Noosfera 

En la noosfera compartimos la conciencia planetaria para concebir el cumplimiento del más alto potencial de la humanidad. Para crear el Espacio Sagrado, utilizamos la luz de nuestro chakra octavo, el Wiracocha, que reside fuera de nuestro cuerpo físico, pero dentro del Campo Energético Luminoso. El poder del Espacio Sagrado, se multiplica cuando ampliamos este orbe radiante y descansamos dentro de él. Es esta la parte de nosotros que siempre esta unida al Creador.

Para abrir el Espacio Sagrado de la noosfera, imaginamos nuestro octavo chakra como un pequeño sol radiante que se encuentra sobre la cabeza. Ponemos las palmas sobre el pecho, en posición de oración y luego, lentamente, las elevamos hasta que estén por encima de nuestra cabeza. Nos conectamos con el octavo chakra, intentando sentir su energía en nuestros dedos. Muy lentamente, girando las palmas hacia afuera como un pavo real que abre su abanico, ampliamos la circunferencia de este brillante orbe hasta que, extendiendo los brazos y bajándolos a los lados, quedemos rodeados por la luz de nuestro chakra octavo.

Este orbe también puede ser extendido para rodear a su ser querido, como si lo estuviera abrazando con una manta de luz.

Para cerrar este Espacio Sagrado después de haber terminado el trabajo de sanación o la meditación, llevamos los brazos hacia arriba (como cerrando un abanico) y así devolvemos la luz hacia el orbe del octavo chakra, para finalmente regresar las manos a la posición de oración inicial.

Nota: Otra enseñanza dice que lo que aquí se llama Wiracocha u octavo Chakra es la Energía Sagrada del Chakra Corazón unificado y llevado por encima del séptimo Chakra para ser expandido. Luego se concentra y se devuelve al corazón ya concentrado una vez que se termina la ceremonia. En este punto se reza: “Que mi corazón guíe mi mente”, llevando las manos unidas al sexto Chakra o Tercer Ojo.

Fuente: “Chamán, sanador y sabio”, Alberto Villoldo.

El sueño

SAMAY- PUÑUY (Descansar – Dormir)

Samay, en sus diversas acepciones, se traduce en realidad como “volver a la armonía corporal, reconstituir los elementos integrantes del organismo y liberar el mundo psíquico y mental superior del plano físico”, mientras que Puñuy es ingresar al estado de inconciencia.

En el samay existen aspectos que se debe tener en consideración, a saber:

1. Con relación al medio y la protección cósmica: Generalmente el samay se ha acostumbrado hacer en la noche, en las horas más pasivas, cuando ya están manifestados la luna y las estrellas que ingresan como protectores en los dominios del mundo psíquico, ya que en la naturaleza, de las 24 horas del día, la noche es la más pasiva. Aunque se podría decir que es relativo, pero lo más natural es que las horas de la noche son para dormir.

2. Con relación a la persona: En la Confederación fraternal del Tawantinsuyö todos estuvieron advertidos y formados para hacer las cosas en forma conciente, y esto se aplicaba aún estando dormidos; y es allí que para pasar de la conciencia a la inconciencia se requiere conocer y manejar algunos detalles fundamentales:

– El cuerpo ingresará a una completa relajación para distribuir los nutrientes a todo el organismo; es la armonía funcional, por ello el samay no es inmediatamente después de haber terminado de comer, sino es después de algunas horas de que se ha demorado la práctica del Yuyaymanay; es por eso que se dice en runasimi “purinaqjarichinan mijuyusqanchistaqa (hay que “pasearlo” o digerirlo lo que se ha ingerido o comido).

– El cuerpo psíquico y mental superior se liberan del plano físico, por ello pueden entrar en contacto con los seres y el medio de los planos superiores; y es aquí donde viene la preocupación: a mayor evolución la liberación ocurre a voluntad, pero no debe ser manipulado con aspiraciones materiales o formas de aprovechamiento personal vanidosa y egoísta, ya que la liberación corresponde netamente a la evolución psíquica y mental superior. La prueba de ello son los ensueños que de algunos nos acordamos al despertar.

Protección: Considerando lo anterior y también considerando que cada uno de nosotros no somos ni estamos solos, sino más bien nos encontramos en el sendero evolutivo y por lo tanto existen seres más o menos evolucionados que nosotros, entonces es imprescindible comprender que necesitamos ayuda, guía y protección de los más evolucionados.

Esta es la razón por lo que los tawantinsuyanos o habitantes de la confederación del Tawantinsuyö realizaran ceremonias, rituales, etc., y así mantenerse en contacto con las energías activas del Pachakamaq, los mismos que se encuentran en los cuatro elementos de la naturaleza. Es así cómo que se establece el contacto espiritual con los Apukuna, Pachamama, Mamaqocha, hasta hacer el uyni (unidad con el entorno) y llegar al tinku (unidad o fusión) con el Pachakamaq.

En la practica real, antes de dormirse se agradece a las divinidades del día y a los Apus, y luego se hace el contacto con la luna y las estrellas, así como con los Apus y la Pachamama o la naturaleza, para que ellos conserven, protejan y los mantengan toda la noche o el tiempo necesario a todos los seres vivos visibles e invisibles, así como a los logros alcanzados durante el día para que pueda continuarse al día siguiente con las actividades dinámicas y la evolución. En ella quedamos incluidos los seres humanos.

Es por eso que en ese estado el andino será protegido y guiado, y se le comunicará los pasos a seguir al día siguiente, toda vez que cuando entra el cuerpo a descansar pasa a la inconciencia, pero los cuerpos psíquico y mental entran en comunicación con las entidades mencionadas.

Es por todo ello que se pide protección para el cuerpo físico, psíquico, intelectual y mental superior, ya que se activan plenamente, pues para cada uno de estos planos existen los protectores correspondientes.

Por el Lic. Evaristo Pfuture Consa

Pachacutec

Las profecías andinas, principalmente las incas, están centradas en el concepto de transformación, conocido como Pachacutec o Pachacuti. Pacha quiere decir el cosmos o la Tierra, mientras que Cuti significa darle vuelta, corregir.

Pachacuti o (Pachacutec) fue el nombre dado al noveno soberano Inca, quien construyó a Machu Picchu y al Imperio de los Niños del Sol. Así como lo implica el nombre él fue el transformador de la sociedad inca que inició a la quinta era mundial inca, o el quinto sol, que irónicamente también trajo el final del mundo inca.

El tiempo del Pachacuti o Pachacutec trajo la venida de los conquistadores españoles y finalmente la destrucción del imperio. En un furor de violencia, la orden cultural más alta que los Andes ha conocido fue rápidamente derrocada.

Las profecías incas andinas predijeron el regreso del Pachacuti (Pachacutec), pero estás no son profecías de fatalidad – ellas prometen un comienzo humano nuevo, “un milenio de oro en la Tierra. Ellas hablan del potencial que viene al “salir fuera del tiempo”, lo cual no es simplemente un concepto metafórico sino que un logro concreto que puede despertar a toda la gente del mundo.

Cuando nos salimos fuera del tiempo, dejamos a todos los conceptos pasados y toda la percepción que resulta de nuestra noción normal del tiempo y el espacio. Tal cambio nos da el potencial de recrearnos a nosotros mismos en un paradigma totalmente nuevo. De acuerdo con Villoldo, las profecías hablan de un “desgarro en la tela del tiempo”.

Los ancianos andinos reconocen que este evento, que es un fenómeno perceptible, le presenta a la humanidad una oportunidad enorme. Si somos capaces de renuncia de cada concepto limitante que tenemos acerca de nosotros, finalmente veremos el esplendor pleno de lo que podemos ser -lo que la gente de la cultura inca siempre han sabido. Que somos, en efecto, semillas de luz divinas – somos semillas de dios.

Las profecías andinas implican que las entradas a otras dimensiones se están abriendo otra vez. Américo Yabar se refiere al tiempo actual de Pachacuti como “el tiempo de la semilla nueva”. La humanidad nueva que resultará será capaz de percibir al Universo en una forma radicalmente diferente; vamos a poder salir fuera del tiempo lineal.

Las profecías también hablan del tiempo del Mastay, o la reintregación de la gente de las cuatro direcciones. Los Q´ero y otros andinos han ofrecido sus enseñanzas para ayudarle al mundo a prepararse para el Gran Mastay. Así como ellos lo expresan , el tiempo ya viene para que la Gran Águila del Norte y el Gran Cóndor del Sur (refiriéndose a las Américas como un todo) vuelen juntos otra vez.

Las enseñanzas incas andinas involucran a Mosog Karpay, una ceremonia especial en la que la semilla de Pachacuti se dice que se coloca en el cuerpo luminoso de cada destinatario, de esta forma a través de una transmisión energética, conectando al individuo con el poder del linaje antiguo, el semillero de Wiracocha. Dentro de la semilla están todos los códigos de luz del cuerpo de los incas, los seres dioses conectados directamente con las estrellas.

Existen muchos caminos para el despertar de la semilla de la divinidad en todos nosotros. Por medio de la oración (el habla sagrada), por medio de la ceremonia y el ritual (las acciones sagradas), por medio de transmisiones directas (la gracia sagrada), y por la práctica del Ayni (el ser sagrado), las semillas dentro de nosotros pueden despertarse y prosperar. Sin embargo, éstas semillas no se despertarán hasta que nosotros nos deshagamos de las creencias falsas que nos dicen que estamos separados de la naturaleza.

Para despertar necesitamos liberarnos de la visión del mundo cartesiana limitada y que nos reunamos con la Madre Cósmica divina. En este contexto Alberto Villolldo expone que para ganar tal expansión de conciencia, los occidentales primero requieren despojarse del mito que fuimos expulsados y separados de la fuente divina.

Necesitamos ofrecerle a la Pachamama (Tierra) nuestro Ayni más alto. Este puede ser la única cosa más importante que podamos hacer, ya sea ambos como individuos o como una comunidad humana.

El parecer andino holístico de la importancia de las interrelaciones también se extiende a los tipos de personas y a las culturas. En este parecer hay tres tipos de gente:

Los que tienen conocimiento, conocido como Yachay, esos que tienen amor y sentimientos, conocido como Munay; y esos que tienen la habilidad de manifestar, conocida como Llankay.

La gente europea se dice que personifica en su mayoría al gran poder intelectual de Yachay. La gente del Norte América se dice que tienen el poder físico más desarrollado y la voluntad fuerte que los lleva a la acción en el mundo externo, correspondiendo a Llankay. Y los indios de Sur América se dice que poseen el amor más grande, representando a Munay.

Sin embargo, de acuerdo al pensamiento andino, ninguna de las habilidades es superior o completa en sí. La gente de todas esas cualidades se complementan entre sí, y sólo cuando éstas tres modalidades trabajen juntas existirá una humanidad unificada.

Además, y mucho más importante, éstos tres aspectos -la mente, el cuerpo, y el corazón, así como las tres piedras simbólicas que los mayas fijan en sus hogares, deben ser mezclados dentro de cada individuo.

Desequilibros dentro de los individuos, dentro de culturas separadas, y dentro de la humanidad en su todo deben ser corregidos.

El concepto andino antiguo de las relaciones tiene mucho que ofrecer a nuestro mundo moderno. Éste le hace hincapié a que todos debemos trabajar juntos en cooperación y juntar a nuestros punos fuertes y débiles como individuos y como un colectivo en el espíritu de intercambio y reciprocidad. Sólo a través del espíritu de reciprocidad vamos a completarnos como individuos y como humanos.

Fuente: Judith Bluestones P. El regreso de los niños de la luz: Profecias de los incas y los mayas para un nuevo mundo.

El mito del origen


El origen de la civilización andina se pierde en las ruinas de la cultura Chavin, en el Norte del Perú, y las de Tiwanaco en el altiplano boliviano. Su milenaria historia, junto a la del imperio inca -el Tahuantinsuyo-, se transmite, no obstante, de generación en generación a través de los hermosos mitos y leyendas de una cultura que se expresa en dos lenguas, en aymara y en quechua

Wiraqocha fue el gran creador del Universo. Antes sólo había humo y oscuridad. Creó el cielo, la tierra y los primeros seres humanos a quienes hizo de gran estatura. El mundo, en realidad, quedó dividido en dos lados opuestos. El Alax Pacha, el mundo de arriba donde habitan el sol y la luna y el Manqha Pacha, el mundo de abajo donde permanece el pasado. Entre ambos, un mundo intermedio: el Aka Pacha de los humanos.
Aquellos seres originarios, sin embargo, no tardaron en desobedecer las instrucciones que Wiraqocha les había dado, provocando su cólera. En consecuencia, los convirtió en estatuas de piedra que dejó en grutas y cerros y a continuación desató un gran diluvio, el Huno Pachakuti. El mundo quedó de nuevo en la oscuridad. Al diluvio sobrevivió un puma, aislado en medio del lago Titikaka (1) donde sólo brillaba el resplandor dorado de sus ojos.
Tiempo después el Creador emergió del Lago. La oscuridad desapareció porque al instante reemplazó los ojos del puma por el sol (inti) y la luna (quilla). De su unión nacieron dos hijos, la pareja divina formada por Manco Capac y Mama Oclla, el primer Inca y la primera Colla.
Wiraqocha se dirigió luego a Tiwanaco y mezclando con agua y barro del Titikaka a los seres anteriores que había petrificado, construyó hombres y mujeres de menor estatura que aquellos, creando así la nueva humanidad. Les dió nombre, vestidos e instrumentos agrícolas; les enseñó las lenguas, las costumbres, las artes y les transmitió leyes justas. De las Huacas, los lugares sagrados en los cerros y grutas, salió la nueva humanidad.
Wiraqocha regaló a Manco Capac un bastón de oro. Le ordenó recorrer los caminos hasta encontrar un lugar especial en la tierra. Al final, en el Valle de Huana Cauri el suelo se tragó el bastón y allí mismo nació un bello árbol, símbolo de la sabiduría de la nueva humanidad. En ese sitio se fundó Cuzco, el ombligo del mundo, la más hermosa ciudad del Tahuantinsuyo. El Creador entonces atravesó el país andino, llegó a la costa y desapareció caminando sobre las aguas del mar. Terminada la Creación, dejó a los hombres y mujeres la tarea de mantenerla.
El universo andino, pues, nació dual, formado por elementos opuestos que se complementan y generan equilibrio. Lo que está arriba y lo que está abajo; lo femenino y lo masculino; el día y la noche que se turnan. Los andinos, entonces, viven entre el mundo de arriba y el de abajo; es decir, se rigen por el orden cósmico y el pasado. En este sentido, la relación del espacio/tiempo donde habita la humanidad -el Aka Pacha- con los otros dos mundos, es permanente. En la Pachamama, la Madre Tierra, los lugares sagrados, por ejemplo, están en todas partes: en las montañas, lagos y caminos, simbolizando la relación con los orígenes y los antepasados (Achachilas). La vida diaria, las labores agrícolas y las fiestas están en correspondencia con el cosmos, principalmente con los cambios que producen las estaciones. Los andinos comprenden que no deben perturbar la armonía universal, la armonía de la creación de Wiraqocha.
En la Pacha de abajo reside el pasado. La vida en Los Andes se piensa y construye de acuerdo a lo que el pasado ha establecido. El futuro es también un regreso al pasado. En consecuencia, la existencia del mundo andino transcurre a través de ciclos. Cada 500 años aproximadamente se produce una transformación, el Pachakuti (2), para dar paso a un nuevo período. Entonces, el mundo de abajo retorna al mundo donde habita la humanidad y el ciclo que termina pasa a formar parte del pasado. Este proceso de transformación contiene siempre eventos y hechos importantes. Algunos cronistas españoles, incluso, llegaron a interpretarlo como un tiempo de guerra. El anterior Pachakuti, por ejemplo, significó el envío de la civilización inca al Manqha Pacha, donde permanece como fuente de una nueva sociedad.
En la cosmovisión andina, el retorno a los orígenes es siempre un cambio radical y profundo.
En el cíclico mundo andino, en efecto, el espacio/tiempo está invariablemente condicionado a la transformación, a un nuevo comienzo.
El último Pachakuti -el femenino Warmi Pachakuti-, según el calendario andino se inició el año 1992. Poco después, un eclipse de sol, el intijiwaña, dió lugar al nacimiento del quinto sol, el intiyuriña.
Desde entonces, las naciones andinas han estado convulsionadas por hechos políticos y sociales de gran trascendencia como los que han sucedido en Ecuador y Bolivia. Se trata de poner en vigencia principios fundamentales de convivencia social y con la naturaleza, enviando al mundo del pasado la historia de los últimos 500 años que han significado invasión, exterminio y marginación para los pueblos y culturas andinas. Es su propia forma de interpretar la realidad, de ejercer su derecho a la resistencia y construir un nuevo proyecto socio-político en Abya Yala, el continente americano.
Así, pues, la importante valoración del pasado se revela como elemento básico para comprender el sentido de la existencia en Los Andes.
El Pachakuti representa, en fin, un cambio integral a todos los niveles: espiritual, ético, social, económico y político. En este proceso, la transformación debe conducir a retomar el camino de la reciprocidad, la solidaridad, la justicia social, la paz y la defensa de la vida en todas sus manifestaciones.
Una gran oportunidad, sin duda alguna, para contribuir a restablecer el equilibrio entre el cosmos y la Tierra. Ha sido, por lo demás, el mensaje que los pueblos indígenas enviaron al mundo desde Tiwanaco el 21 de enero de 2006, el Jach’a Uru (Gran Día) cuando el presidente Evo Morales recibió el mandato de los Kurakas, unidos el águila del norte y el cóndor andino para anunciar juntos nuevos tiempos.”

1 Titi: puma en lengua aymara; Kaka: color dorado.
2 En lengua aymara “kuti” significa retorno, regreso al lugar de origen, cambio, transformación. El verbo es “kuty”: retornar. “Pachakuti” indica, por tanto, el regreso al espacio/tiempo original. Se deriva también el sustantivo “pachakutek”: el que renueva el mundo y lo transforma.

Fuente: Sol del Sur

Chakana y matemática andina

El concepto de chakana es fundamental en el mundo andino. Su significado compromete la astronomía, la cosmovisión, la filosofía, la arqueología como un patrón que está relacionado con los habitantes de los Andes. El símbolo también tiene correspondencia con la Cruz del Sur, la constelación del Polo Sur, formada por las estrellas. De la chakana o cruz andina se obtienen los días y meses del año andino, a través de la multiplicación y suma aritmética.

El solsticio de invierno, que marca el inicio de un nuevo ciclo agrícola o el Machaq Mara (nuevo año), tiene 13 meses cada uno de 28 días. Los cálculos matemáticos se obtienen de la chakana o cruz andina, un símbolo geométrico que fue usado hace miles de años por la cultura Tiwanaku.

El investigador Fidel Rodríguez explicó que al enumerar cada uno de los espacios de la figura con tres escalones, se obtienen 13 espacios. “Los 13 espacios nos indican que el año tiene 13 meses. Para calcular los días de la semana, dibujamos otra cruz andina con cuatro escalones y enumeramos cada uno de sus vértices, obtenemos la cifra siete. El número nos indica los siete días de la semana”, aseveró Rodríguez.
El siguiente cálculo matemático es la multiplicación de los días de la semana: 7 por 4 que son los lados de la chakana, se obtiene el número 28 que marcan los días de un mes.

Rodríguez explicó que en 28 días la Luna realiza su movimiento de traslación alrededor de la Tierra.

El investigador remarcó que al multiplicar los 28 días por 13 meses se obtiene la cifra de 364, que simboliza los días de un año. “Pero falta un día, esa jornada es el Machaq Mara (nuevo ciclo). Es cuando el Sol está en reposo para iniciar el nuevo tiempo y espacio en la renovación de las energías”, enfatizó el matemático.

Rodríguez planteó que al sumar en forma vertical los números resultantes de la cruz andina de tres escalones se obtiene la cifra 91. El número indica los días que dura cada estación, es decir 91 días en invierno, primavera, verano y otoño, que son celebrados con diversos rituales en los equinoccios y solsticios.

Al multiplicar 91 por las cuatro estaciones, se llega a obtener también la cifra de 364, a la que se suma un día, el de la celebración del solsticio de invierno y que completa los días del año.

Los amautas (sabios aymaras) consideran que el Machaq Mara o Willka Kuti (retorno del Sol) constituye el renacimiento y renovación de todas las energías que permiten el equilibrio entre la humanidad y la naturaleza. El ritual de esperar los rayos solares se cumplirá en el área rural y también en las ciudades.

“Cuando el Sol reposa en el Illampu”

Los amautas (sabios aymaras) cuentan, entre sus leyendas y mitos, que el Sol reposa sobre el Illampu antes de iniciar nuevamente su trayecto hacia el sur sobre las cúspides nevadas de la Cordillera Real, dando inicio al nuevo ciclo agrícola el Machaq Mara.

Esa jornada que falta en el cálculo matemático para completar los 365 días, resultante de la chakana o cruz andina, “es el día cuando el Sol reposa sobre el Illampu, un nevado considerado como sagrado por los aymaras”, dicen los amautas. La celebración del solsticio de invierno es ritualizada de forma ancestral con una simbología relacionada con los ciclos agrícolas.

La Cordillera Real es un gran marcador astronómico solar, el más gigantesco y majestuoso del mundo por donde “camina” el padre Sol, el tata Inti, desde la región del Illampu en el solsticio de invierno el 21 de junio, hasta los dominios del Illimani, otro nevado sagrado para los aymaras en el solsticio de verano el 21 de diciembre, explicaron los amautas. Las montañas o los apus estuvieron relacionados con los rituales que realizaban las culturas prehispánicas de los Andes.

De: Edwin Conde Villarreal / Fuente: http://www.facebook.com/intijinti