¿Sueño o pesadilla?

“Cuando no somos conscientes de que compartimos el poder de cocrear la realidad con el propio universo, ese poder se nos escapa y hace que nuestro sueño se convierta en una pesadilla”. (Alberto Villoldo, “Soñar con valentía”).

Los occidentales creemos que sólo podemos experimentar la realidad en el estado de vigilia, pero antiguas tradiciones de todo el mundo (americanas, chinas, tibetanas, hindúes) sostienen que hay estados de conciencia superiores a los que podemos acceder a través de la meditación, el yoga, el viaje místico chamánico, etc.

En verdad, lo que nosotros llamamos  “realidad” es un estado de conciencia dominado por nuestra mente conciente, y sujeto en consecuencia a sus condicionamientos y distorsiones. La mente genera una especie de “ilusión de realidad”, absolutamente subjetiva, y hace que creamos que eso es todo. Nos impide tener una visión completa, y muchas veces nos paraliza frente a situaciones problemáticas, angustiantes o de enfermedad por no poder ver más allá, por no poder tener una percepción total de lo que nos sucede, de lo que nos rodea, o de nosotros mismos.

Alberto Villoldo en su libro “Soñar con valentía” define este estado como “la pesadilla cultural en la que se nos educa a todos y que sólo reconocemos cuando empezamos a calmar la mente”.

Por eso cuando experimentamos otro estado de conciencia que nos hace ver nuestra vida y el mundo en general desde una perspectiva holística y espiritual, hablamos de “despertar” y sentimos que hemos vivido hasta ese momento como dormidos y ajenos a nuestras propias capacidades.

La meditación en cualquiera de sus formas es el entrenamiento ideal para alcanzar otros niveles de conciencia. Se ha podido comprobar científicamente, por ejemplo, que monjes budistas que pasan años meditando tienen cerebros que presentan diferencias en una tomografía por emisión de positrones y procesan la realidad de manera distinta a la de las personas que no meditan. Esto indica que, potencialmente, todos tenemos la capacidad  de ejercer influencia sobre nuestro cerebro y de sanar nuestro cuerpo físico y espiritual a través de la meditación.

Las tradiciones espirituales, a diferencia de la ciencia, sostienen que es el espíritu el que crea la materia y no al revés. Es decir, el gran espíritu (o Dios) creó una plantilla energética que luego se manifestó como realidad física. Nuestro Campo de Energía Luminoso  es nuestra “plantilla energética personal” y contiene, al igual que el ADN en el plano físico, todo el registro de nuestra historia. Habla de quiénes somos y de lo que nos ha sucedido. Los registros se dan en forma de luz y de vibración, así como en el plano físico se manifiestan en forma química.

Según Villoldo “el Campo de Energía Luminoso es el software o conjunto de instrucciones que informa a nuestro ADN, que es el hardware, para que fabrique proteínas que crean el cuerpo.” Es decir que cualquier desorden o desequilibrio que se produzca en el campo energético tarde o temprano se manifestará en el cuerpo físico como enfermedad. Y a la inversa, también significa que los síntomas corporales (dolores, molestias, contracturas, etc.) están hablando de algo que no está funcionando bien en el campo energético o emocional.

Existen distintas disciplinas que trabajan sobre el campo energético para armonizarlo y sanarlo. Sólo se trata de encontrar la mejor para cada uno y “tener coraje para probar el infinito”.

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